Estoy muerto. Se acabó el "yo, me, mi, conmigo". Adiós al "yo me lo guiso yo me lo como". Yo ya no existo. Si no formo parte de algo, no soy. El éxito de las redes sociales, entre otras muchas consecuencias, está significando el triunfo del "nosotros". Facebook, Hi5 o Myspace son lo mismo que Movistar, Vodafone y Orange. La tendencia imparable nos lleva a que todos formemos parte de una comunidad. Te agrego al Messenger o al Skype, no te admito como amigo o te abro un privado en un canal determinado del chat. Y no me llames Dolores, llámame Lola. O mejor, lola25.
Pregunta a cualquiera para qué sirve el Facebook. Entre las respuestas más típicas está: "para recuperar el contacto con gente que no ves desde hace mucho tiempo". Puede ser, no digo que no. Aunque creo que por encima de todo está la idea de pertenencia que nos persigue desde que nacemos. Sólo que ahora la pandilla es cibernética y el significado de la palabra amigo se ha ampliado hasta la banalización. ¿Es posible tener 987 amigos? En Hi5 se manejan cifras similares en muchos perfiles.
Ahora es más cierto que nunca: "los amigos de mis amigos son mis amigos", con un pequeño añadido: "si me admiten y su perfil es público".
Sólo una reflexión más. ¿Has pensado quién controla toda la información que proporcionas a una comunidad? ¿Quién maneja la base de datos? ¿Y quién tiene acceso a ella?
Puedes leer más sobre el tema en una versión menos tremendista haciendo clic en este enlace.
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