
Afortunadamente, sucede que a veces, el destino, la suerte o la casualidad nos hace tropezar y abrir los ojos. Y no me refiero a encontrarse el Taj Mahal a la vuelta de la esquina. Prefiero las pequeñas maravillas que se esconden en cualquier rincón. Hoy quiero compartir contigo algunos de esos sitios en los que la sorpresa y la fascinación se llevan realmente bien con los ciudadanos. Te invito a echar un vistazo al museo viviente que nos ofrece todos los días la gente de la calle Wooster.
Paséate por aquí. No te arrepentirás.